viernes, 23 de julio de 2021

Nuestro Perú ensantado no ha quedado congelado en el tiempo virreinal de los clásicos cinco santos. Gracias se va renovando. Pronto veremos beatificada a la ayacuchana Agustina Rivas, de las Hermanas del Buen Pastor, mártir de Sendero Luminoso en La Florida. Hoy me entero -de labios de Monseñor Gerardo Zerdin, obispo del Vicariato de San Ramón, que, al igual que la Hermana Aguchita, otro siervo de Dios acabó sus días en este vicariato misionero de la Selva Central.

Se trata del Padre José Walijewski, sacerdote misionero de la Diócesis de La Crosse, Wisconsin, EE.UU., quien vino al Perú en 1971 y pasó casi dos décadas en Villa El Salvador donde fundó la Parroquia Cristo el Salvador, la primera iglesia de Villa, hace 50 años. Demos gracias al Señor y recordemos su benéfico paso por nuestro Perú, en vísperas del Bicentenario patrio que nos convida a rememorar eventos y personas protagonistas. El emblemático distrito de Villa el Salvador le cuenta entre sus forjadores.

 

Siervo de Dios Joseph Walijewski

El P. Joseph Walijewski (pronunciado Wali-ES-ki), nació en Grand Rapids, Michigan, el 15 de marzo de 1924, rodeado de 9 hermanos de una familia numerosa de 10, formada por 1924, Frank y Mary, sus padres.  Recuerda que, de niño, cuando tenía 6 años, estaba viendo descargar un camión de plátanos y le preguntó a uno de los hombres que de dónde venían. "Me respondió que de Hispanoamérica. Desde entonces me vinieron ganas de venirme acá".

 Después de graduarse de la escuela católica, Joseph se mudó al estado de Wisconsin para ingresar al seminario.  Ingresó al postulantado franciscano porque tenían misiones en Hispanoamérica. Tras 4 años de estudios, sus superiores le dijeron que no podía ser sacerdote debido a sus problemas con el estudio. Algo parecido a lo que le sucedió al célebre Cura de Ars. Sin embargo, no se rindió, oró y acudió a un seminario para estudiantes de origen polaco que no conocieran suficientemente la lengua inglesa. Después le costó encontrar obispo estadounidense que lo quisiera incardinar. Finalmente, el obispo de La Crosse en Wisconsin lo acogió porque necesitaba sacerdotes que hablaran polaco para atender a los emigrantes de este origen. Allí. en abril de 1950, fue ordenado sacerdote de la diócesis de La Crosse, Wisconsin.

En la diócesis, sirvió parroquias en tres comunidades. Luego, en 1955, escuchó un discurso sobre la necesidad de misioneros en Bolivia, América del Sur.  Le preguntó a su obispo si podía ir a Bolivia, pero el obispo le dijo que orara por eso y que lo contactara en un año.  Luego, en 1956, el obispo accedió a su pedido de ir a Bolivia.

El p. José fue a la ciudad de Santa Cruz, donde se reunió con el obispo Brown. Él mismo relata con mucho afecto la década vivida allá: "Para construir una iglesia con cemento, tuve que coger el tren que iba hasta Brasil a través de la selva. En Bolivia no había fábricas de cemento. El calor era agobiante y el proyecto un tanto absurdo, pero yo iba confiando en el Señor. Cuando llego, era entonces el mes de julio, me dicen que hasta noviembre no me pueden servir las 2.000 bolsas de cemento. Yo ruego al cielo y a la tierra, hablo con los encargados y días más tarde me preparan las 2.000 bolsas. Ahora viene un nuevo problema: que llueva. El tren tenía tres clases de pasajes: en un cajón cerrado, pero con ventana; en un cajón cerrado sin ventana donde iban los animales y en un cajón sin techo. Las bolsas sólo podían viajar en el cajón abierto. Si llovía, todas se malograrían. Tras mucho pensarlo le dije al Señor: "si tú quieres la iglesia, ya te encargarás de que no llueva". Y me preparé para hacer el viaje con mi sotana blanca en uno de los tres vagones. No podía dejar las bolsas sin vigilancia por miedo a que me las robaran.

Ya de vuelta llegamos a un río y nos encontramos que no hay puente. Al otro lado nos espera otro tren y nos encontramos que ha desaparecido el puente. ¿Qué hago yo para pasar las 2.000 bolsas de cemento en los pequeños botes que nos esperan? Me hablan de una tribu nativa 30 km. río arriba que dispone de más botes y más capaces. Allí me presento yo para pedir su ayuda. Al principio no me quieren ayudar, pero les doy varias estampas de la Virgen y cambian de opinión. Dos días completos nos llevó el traslado de la las bolsas. 1.500 llegaron sanas.

La construcción del templo también tuvo sus problemas. Por tres veces se nos abrieron los muros al tratar de cerrar el techo. Yo, por entonces, vivía en un establo que se había quedado sin vacas. Cuando estábamos acabando el templo y la casa parroquial se presentó un capitán con más de cien soldados pretendiendo convertir el templo en cuartel. Se estaba preparando una revolución, me dijo. Le convencí para que no utilizara la iglesia, pero le dejé la casa parroquial. Allí estuvieron mes y medio. Meses más tarde, el capitán se convirtió y fue uno de nuestros mejores bienhechores.

En otra ocasión, el obispo le dio un machete, y los dos comenzaron a abrirse camino a través de la jungla a las afueras de la ciudad.  Finalmente, el obispo se detuvo y dijo: "Construye una iglesia aquí. La gente vendrá y construirá sus casas alrededor de la iglesia".  Entonces, eso es exactamente lo que el Padre Joseph lo hizo.  Construyó la parroquia de Holy Cross y permaneció allí durante una década antes de ser llamado nuevamente para servir nuevamente en la Diócesis de La Crosse.

Pero en 1970, un terremoto devastó el Perú, ocasionando la desaparición de poblaciones enteras como la de Yungay, en Huaraz, y provocando la muerte de más de 74,000 personas.  El Padre José, fue enviado a Perú para ayudar. En las afueras de la ciudad capital de Lima, fundó la parroquia de Cristo Salvador en Villa El Salvador.  Durante los siguientes años, la población de la parroquia creciendo aceleradamente y de los 80,000 de entonces se ha convertido en el distrito más numeroso del país con más de un millón de habitantes, exactamente 1 117 629, en 2021.  El Padre José fundó hasta ocho capillas en el área. Los terroristas pronto le echaron el ocho debido a su trabajo de apoyo a los pobres y escapó milagrosamente de varios intentos de asesinato, como cuando la dinamita empacada en un tractor que estaba usando para trabajar en su iglesia no pudo detonar. Él mismo nos lo cuenta:

Vine al Perú como párroco de un naciente pueblo joven en Lima: Villa Salvador. Entonces se iniciaba el éxodo de la sierra a las ciudades grandes. Miles de familias acudían buscando una vida menos dura y se encontraban en la ciudad deseada sin ni un mal cobijo donde dormir y guardar las cuatro cosas que poseían.

En Villa Salvador también tuve que hacer de todo, pero quizá lo más significativo que viví allí fue la visita del Papa en 1985. Aunque la cosa empezó antes. A poco de ser elegido, en 1978, por mi condición de polaco fui elegido por el cardenal de Lima para representar al Perú ante el Papa en Roma. Allí me presenté y toda mi ilusión era que el Papa, personalmente, me bendijera un pan que yo pensaba repartir entre mis huérfanos. Como tenía alguna amistad con el cardenal Marcinkos le pedí que me ayudara. Me dijo que era difícil, pero que tras una reunión importante con cardenales iba a pasar por un corredor con una ventanilla, que allí le podía esperar y probar suerte. Así lo hice. Cuando tras mucho esperar apareció, me dirigí a él con mi pan. Mi sorpresa fue muy grande cuando vi que se paraba a escucharme como si no tuviera nada más que hacer. Se interesó por mis huérfanos y bendijo el pan con las dos manos. Le invité a visitar mi parroquia de Villa Salvador cuando viniera al Perú y me dijo que sí que le gustaría.

Años más tarde, para sorpresa mía y de todos, el Papa vino a Villa Salvador. Casi dos millones de personas, sobre todo los pobres de los pueblos jóvenes le estábamos esperando. Yo estaba en el palco como párroco, pero el cardenal me animó a que le dijera unas palabras en polaco. Improvisé como pude y en una mezcla de polaco, inglés y algo de castellano le di la bienvenida. Él viendo mi apuro y reconociendo mi acento americano me respondió en inglés.

Años más tarde recibió la visita del entonces cardenal Ratzinger deseoso de conocer la pobreza de que le había hablado el Papa. Llegó a la parte alta de Villa Salvador. La policía secreta que le acompañaba se opuso porque podría ser peligroso, pero él impuso su voluntad. El P. José le llevó a ver a una buenísima señora que estaba muriendo de cáncer, descubriendo que -entre toda la miseria de Villa Salvador- la estaban visitando unos niños a los que ella enseñaba el catecismo. Conteniendo a duras penas la emoción, el cardenal la bendijo y se marchó con una conmoción interior como pocas veces había sentido. 

Efectivamente, en 1985, el Papa Juan Pablo II visitó Lima, Perú, y se reunió con el Padre José.  Antes de abandonar el país, el papa le dio al Padre José un regalo de $50,000. Pocos años después, en 1985, Padre José tuvo la oportunidad una vez más de visitar con el Papa Juan Pablo II, y contarle su sueño de construir una casa para niños pobres y huérfanos, durante su primera visita papal al Perú. El Papa, impresionado con el compromiso y entusiasmo de Padre José, donó $50.000.00, lo cual fue usado para empezar la estructura inicial de la casa que ahora lleva su nombre. Fue en este entonces, después de 17 años de párroco en Villa el Salvador, Padre José se mudó a Lurín para empezar su nuevo proyecto, la Asociación Juan Pablo Magno.

 

Padre José encontró su inspiración después de ver como tantos niños limeños que viven en pobreza extrema. Un día, mientras caminaba por los barrios pobres de Lima, Padre José percató unas hojas de periódicos que empezaron a moverse. Luego, las cabezas de un niñito y una niñita salieron por debajo. Esos niños, como tantos niños de las calles de Lima, habían pasado la noche con sólo aquellos periódicos para protegerlos del frío. Pensó para sí: "Cómo puedo yo regresar a una cama calurosa, cuando hay tantos niños que viven en estas condiciones?".

 

Con este dinero, el Padre José fundó un orfanato en Lurín que llamó Casa Hogar Juan Pablo II en 1986 y que albergó a 140 chicos. Como él mismo comenta: "Quería hacer hombres de bien de estos muchachos que han tenido tanto que pasar. Necesitaba unos 1.000 dólares al año para cada uno de ellos, pero nunca me preocupé, Dios era mi tesorero. A veces tenía que coger el avión a Estados Unidos para pedir ayuda, pero nunca nos faltó". Allí pasó 14 años.

Desde Lurín pasó al Vicariato de San Ramón, Selva Central, a Chontabamba. Allí también buscó a los jóvenes más necesitados, aquellos que, al cumplir 18 años, pudieran tener un trabajo formando una cooperativa y trabajando en el campo. También le ilusionaba que pudieran iniciar una comunidad cristiana al hacerse mayores.

Por último, se empeñó en construir un comedor que dé trabajo en plan de cooperativa a unas cuantas personas y que sirva de ejemplo para que otros monten algo parecido, con una limpieza y un gusto que pueda atraer a turistas. Como afirmaba el P. José: "La solución a la pobreza no está tanto en la llegada de dinero como en la educación que enseñe a la gente a trabajar y a plantearse las cosas de otra manera".

También colaboraba con el padre Lucho y los domingos hasta llegaba a celebrarle hasta 4 misas por diferentes pueblitos alejados de Oxapampa, en las comunidades ashánincas de la región del Gran Pajonal . Cuando le preguntaban al P. José si no le daba miedo a sus 80 años "coger el todoterreno e irse por esos montes solo", respondió seguro de que siempre cuenta con la providencia divina: "Nunca voy solo, "el de Arriba" siempre me acompaña y me ayuda. Pero si me quiere llamar, no me importa, ya sabe que viajo con el maletín listo".

Cada año, el Padre José regresaba a la diócesis de La Crosse, Wisconsin, para compartir lo que llevaba en su corazón misionero, motivar a sus paisanos, y recabar donativos para la obra.  Una persona que tuvo el privilegio de escuchar muchas de las historias del sacerdote fue el seminarista James Altman, que en la actualidad es sacerdote, y quien declara: "Con el P. José se podía hablar durante horas sobre las personas a las que servía, cómo era ser misionero y cómo tenía que tener mucho cuidado de no ser asesinado por terroristas y agentes del gobierno debido a su servicio a los pobres; era un hombre humilde con gran fe".  

Los últimos años de su vida El padre José murió justo lo que deseaba, mientras trabajaba con los pobres.  Después de enfermarse, fue llevado a un hospital en Lima, Perú.  Murió de neumonía y leucemia aguda el 11 de abril de 2006 a la edad de 82 años.

Su diócesis ha incoado el proceso de beatificación. Compartimos su oración.

ORACIÓN PARA PEDIR GRACIAS Y SU BEATIFICACIÓN

Santo y buen Dios, su servidor y sacerdote, el padre Joseph Walijewski, a través del celo sacerdotal y la santidad heroica, defendió la inocencia contra la tristeza del mal, especialmente a las familias rotas y los niños indefensos.

Imaginándose al Cristo compasivo, llevó a otros a la fuente de la vida sacramental y al conocimiento de Jesucristo como su verdadero y único Salvador.

Padre celestial, te rogamos humildemente que levantes a tu siervo, el padre Joseph Walijewski, cuyo gozoso corazón sacerdotal estaba resuelto en el Corazón de Cristo Jesús, a los atrios de los cielos; y, por tu Santo Espíritu, que guía y conduce a la Iglesia, dénoslo como santo y héroe de esta generación.

Que a través de su ejemplo haya una nueva urgencia de las almas por Cristo. Por su intercesión, humildemente te pido (haz tu intención aquí) por Cristo nuestro Señor. Amén.

https://sites.google.com/site/vicariatodesanramon/home/contactenos/p-jose-walijewski

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