jueves, 20 de enero de 2022

LA CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA, UN ORGANISMO QUE LATE POR LA PATRIA EN EL BICENTENARIO

José Antonio Benito

 

La Encarnación es el mayor don que la humanidad ha recibido de Dios. Sólo el Cristianismo es la religión que cree que Dios se ha hecho hombre, se ha encarnado. Éste Dios es Cristo que fue hombre en todo menos en el pecado. En sólo 33 años revoluciona y cambia la historia. Ya hay un antes y un después. El después es la vida de la humanidad con Dios en la Tierra, anunciando y viviendo su mensaje de salvación. Y tras su muerte llega lo decisivo, la resurrección, Cristo sigue viviendo y la Iglesia -Cuerpo Místico de Cristo- nos lo hace presente en su koinonía -comunión-, eucaristía -acción de gracias-, diakonía -servicio. El primer milenio se extiende por Asia y Europa, desde el siglo XVI por América, África y Extremo Oriente. Precisamente, desde entonces -ya va para cinco siglos- vive en el Perú como nación y dos siglos si lo consideramos como Estado independiente.

¡Qué gozo sentimos al ver a todos sus obispos reunidos -de modo presencial- en esta Asamblea Plenaria -la nº 121 la Conferencia Episcopal Peruana. Son 54 obispos que corresponden a las 46 jurisdicciones eclesiásticas del Perú, quienes este año acaban de ree legir a sus principales autoridades: Presidente, Mons. Miguel Cabrejos -por cuarta vez-, dos vicepresidentes – Mons. Pedro Barreto y Mons. Roberto Prevost- y los presidentes de las 14 Comisiones Episcopales y otros organismos, para el periodo 2022-2025.

Como se muestra en su web https://iglesia.org.pe/ la CEP es la institución de carácter permanente, conformada por  la Asamblea de los Obispos del Perú que como prescribe el can. 447 del Código de Derecho Canónico ejercen unidos algunas funciones pastorales respecto de los fieles de dicho país, para promover conforme a la norma del derecho el mayor bien que la Iglesia proporciona a los hombres, sobre todo mediante formas y modos de apostolado convenientemente acomodados a las peculiares circunstancias de tiempo y de lugar. También emite opiniones como representante del clero católico a nivel nacional, sobre asuntos que por su alcance social o económico inciden en los fieles católicos de Perú.

El pasado 10 de octubre de 2021 se inauguró  en Roma el sínodo sobre la sinodalidad que culminará en la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en octubre de 2023. Una palabra, sinodalidad, caminar juntos, trabajo en equipo, koinonía, que marca un estilo de vida en los dos mil años de historia católica mundial y en los doscientos de la iglesia del Perú.

Como en toda la historia de la iglesia universal, en América, y en concreto en el Perú, la sinodalidad se ha vivido gracias a diferentes medios como los concilios, sínodos y asambleas eclesiales. Siempre será un referente santo Toribio Mogrovejo como impulsor de estas reuniones eclesiales. En la etapa contemporánea debemos contar con el Concilio Plenario Latinoamericano en el umbral del siglo XIX (1899-1900) y que tuvo como presidente al peruano Monseñor Manuel Tovar, arzobispo de Lima. Este Concilio prescribirá la celebración de asambleas episcopales nacionales cada 2 ó 3 años

En el estudio La Iglesia contemporánea en el Perú (1900-1934). Asambleas eclesiásticas y concilios provinciales (Lima, 2010) de Josep-Ignasi Saranyana y Fernando Armas Asín, se nos habla de la recepción en el Perú del Concilio Plenario de América Latina de 1899 en las iglesias particulares, y las reuniones de 1899, 1902 y 1905. El VII Concilio Provincial de 1909 estará enmarcado en las Asamblea episcopales de 1909 y 1911, que impulsó la fundación del Seminario Central para toda la iglesia peruana. Las asambleas de 1915 y 1917 están vinculadas con dos acontecimientos decisivos, el VII Concilio Provincial de 1912 y el Codex Iuris Canonici de 1917, que, aunque universal, contó para su codificación con la participación de obispos del Perú. La asamblea episcopal vinculada con el VIII Concilio provincial de 1927, no puede prescindir del contexto político-eclesiástico del Oncenio de Leguía y el singular protagonismo de Monseñor Lissón que le lleva a extraña renuncia solicitada por el Vaticano. En la histórica asamblea conciliar, cabe resaltar como asuntos más debatidos: el influjo del protestantismo la prensa católica, las relaciones de los obispos con los capítulos catedrales, el Santuario de Santa Rosa, los católicos y la política, el matrimonio canónico y civil, las iniciativas financieras, Santo Tomás de Aquino, la vida común de los sacerdotes seculares. Asimismo, este trabajo nos muestra la rica relación que la Iglesia tuvo con el mundo político y social de su época, algo evidenciado en hechos como la fundación de la Universidad Católica en 1917, la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús de 1923, los debates sobre la creciente de una asociación para el clero diocesano o el apoyo de la jerarquía episcopal a un hipotético partido católico confesional, la discusión sobre la tolerancia de cultos en el marco de la Consti6tución de 1860 y la ambigua solución desde 1915, la buena prensa, la extraña renuncia de Monseñor Lissón, las dificultades de la aprobación del VII Concilio Provincial.

La primera asamblea tuvo lugar en la sala capitular de la Iglesia Catedral de Lima, los días 20, 21 y 26 de setiembre de 1899. Entre los acuerdos hay dos instrucciones, firmadas colectivamente por el Arzobispo de Lima, Mons. Tovar y los cinco sufragáneos asistentes, que versaron respectivamente sobre la guarda de descanso dominical y sobre la campaña proselitista de algunas sectas protestantes. Desde 1899 a 1943 se celebraron en Lima catorce Asambleas episcopales provinciales en un intervalo de dos a tres años. Las seis primeras fueron presididas por el Arzobispo de Lima, Mons. Manuel Tovar; la séptima la presidió el Delegado Apostólico Mons. Jacinto Scapardini; la octava Mons. Pedro M. García Naranjo; la novena y décima Mons. Emilio Lissón; las cuatro últimas Mons. Pedro Pascual Farfán. El Perú, hasta el año 1943, en que fueron creados los arzobispados de Arequipa, Cusco y Trujillo, constituía una sola Provincia eclesiástica, bajo la presidencia del Arzobispado Metropolitano de Lima. El día 23 de mayo de 1943, el Papa Pío XII, firmaba la Constitución Apostólica "Inter praecipua", que creaba los tres nuevos Arzobispados de Arequipa, Cusco y Trujillo, y establecía las correspondientes provincias eclesiásticas. El Perú quedaba así dividido en cuatro provincias eclesiásticas. El Perú quedaba así dividido en cuatro provincias eclesiásticas. Al mismo tiempo se elevaba la Sede de Lima a la categoría de Primada.

Las Asambleas se reiniciaron en 1935 con ocasión de los Congresos Eucarísticos Nacionales (1935 Lima, 1940 Arequipa, 1943 Trujillo, 1948 Cuzco) y luego cada 2 años hasta 1956 en que se volvieron anuales. En 1955, con ocasión de la Primera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Río de Janeiro, surge el CELAM, o Consejo Episcopal Latinoamericano, a base de las Conferencias Episcopales. Las Asambleas generales del Episcopado adquiere su carácter actual y definitivo, sancionado por el Vaticano II; que les otorga carácter legislativo en determinados casos. En las Asambleas de 1956 y 1957, los Estatutos de la Conferencia Episcopal se van modificando y perfeccionando, conforme lo va indicando la experiencia. Estos Estatutos son aprobados por la Santa Sede, por Decreto de la Sda. Congregación Consistorial (hoy para los Obispos), de 31 de julio de 1957, por cinco años, y ad experimentum.

Esto ha permitido un mayor enlace entre los prelados para mejor tratar los problemas nacionales. Algunas veces ha habido dos Asambleas al año y en 1983 una en Roma para tratar el delicado asunto de la teología de la liberación.

Dado que las provincias eclesiásticas no son homogéneas pastoralmente, a partir de 1969 se establecieron las Regiones: Selva (que ya funcionaba), Costa Norte, Sierra Norte, Costa Centro, Sierra Centro, Sur Andino y Costa Sur. Al calor de la motivación del Papa Francisco por el cuidado de la naturaleza y la casa común, el sínodo de la Amazonía, la Santa Sede ha erigido en octubre del 2021 la Conferencia Eclesial de la Amazonía  (CEAMA) de la que forman parte los países amazónicos; en nuestro caso, los ocho Vicariatos Apostólicos de la selva peruana: San José del Amazonas, Iquitos, Yurimaguas, Jaén, Requena, Pucallpa, San Ramón y Puerto Maldonado.

La Conferencia Episcopal Peruana se estableció en 1957 bajo la presidencia del Arzobispo de Lima, Juan Landázuri Ricketts OFM, quien recibió el 31 julio la aprobación pontificia de los estatutos. Fue acompañado por los secretarios Luciano Metzinger y Augusto Vargas Alzamora por el dilatado espacio de tiempo de 33 años (1988). Le sucede Monseñor Ricardo Durand Flórez, SJ, ayudado en la secretaría por S.J. Augusto Vargas Alzamora  y  Miguel Cabrejos Vidarte. De 1992 a 1993 Mons. José Dammert Bellido Mons. Miguel Cabrejos Vidarte. De 1993 a 1999 el Card. Augusto Vargas Alzamora  con Mons. Miguel Irizar Campos y Mons. Luis Bambarén Gastelumendi. De 1999 al 2006, Mons. Luis Bambarén Gastelumendi con Mons. Miguel Irizar Campos y Mons. Juan José Larrañeta Olleta. Del 2006 al 2012 Mons. Miguel Cabrejos Vidarte con Mons. Juan José Larrañeta Olleta y Mons. Lino Panizza Richero. Del 2012 al 2017 Mons. Salvador Piñeiro García-Calderón acompañado de Mons. Lino Panizza Richero, Mons. Fortunato Pablo Urcey y Mons. Norberto Strotmann Hoppe. Del 2018 al 2021 Mons. Héctor Miguel Cabrejos Vidarte con Mons. Norberto Strotmann Hoppe.

La CEP se reúne al menos una vez al año y, aparte de la Asamblea Plenaria, está representada por el Consejo Permanente. Cabe señalar que la CEP no es una instancia jerárquica, sino de coordinación. Sus acuerdos y documentos no obligan a los obispos que la integran, salvo cuando el Reglamento lo estipula así. La Conferencia Episcopal Peruana consta de 25 Comisiones Episcopales y Organismos. El obispo Presidente de la Conferencia Episcopal o episcopado no "manda" a los demás obispos; por lo tanto no puede ser considerado como "Jefe de la Iglesia peruana"; el que sí es "jefe" de esa Iglesia local es cada Obispo en su diócesis.

La sola enumeración de sus comisiones (catequesis y pastoral bíblica, educación, cultura y bienes culturales, clero y vocaciones, familia-infancia y vida, medios de comunicación, liturgia, CEAS y movilidad humana, laicos y juventud, misiones y pastoral indígena, vida consagrada…), así como el responsable compromiso frente a desafíos como la covid-19 (respira Perú, resucita Perú)…nos habla del generoso y efectivo aporte a la sociedad peruana.

Como toda razón, San Pío X pudo escribir a los obispos del Perú, el 13 de septiembre de 1910: "Si entre las provincias eclesiásticas de América hay alguna que deba aventajarse y resplandecer ante Dios y ante los hombres con los fulgores de la perfección evangélica, seguramente es la Iglesia Peruana, por ser una de las más antiguas de toda la América, por contar entre sus hijos tantos valores ilustres en santidad, y por haber sido desde sus principios cultivada y fecundizada con los trabajos apostólicos del gran Santo Toribio".

Vaya, pues, nuestra gratitud por su acción y nuestra oración para acompañar estos días de Asamblea.