domingo, 26 de julio de 2026

Siervo de Dios Gregorio López (Madrid 1542-México 1596), primer ermitaño de América

Siervo de Dios Gregorio López (Madrid 1542-México 1596)

Madrid, 4.VII.1542 – Santafé (México), 20.VII.1596. Cortesano, primer ermitaño del Nuevo Mundo, escritor.

Un halo de misterio envuelve los orígenes y la vida de Gregorio López, “primer ermitaño del Nuevo Mundo”. Los hagiógrafos portugueses lo suponen natural de la propia nación. Las fuentes históricas sobre su vida son: la biografía escrita por su amigo Francisco Losa, del Cabildo Eclesiástico de Ciudad de México (1613); los procesos instruidos por el Tribunal del Santo Oficio de México a los grupos “alumbradistas” del país a finales del siglo XVI y principios del XVII (Archivo General de la Nación [AGN], Inquisición, legs. 176, 180, 209 y 210); y los procesos de beatificación del mismo Gregorio López (treinta y tres volúmenes del Archivio Segreto Vaticano, sign. Riti, 1704-1736).

Según esa documentación, nació en Madrid el 4 de julio de 1542; pasó su juventud en la Corte y emigró a Nueva España (México) en 1562, con el propósito de hacer allí vida eremítica. Francisco Losa refiere que abandonó la vida cortesana y se encaminó a Sevilla para embarcarse rumbo al Nuevo Mundo; en el viaje, se detuvo en Guadalupe, donde veló las armas de caballero “a lo divino” a los pies de Nuestra Señora, y en San Juan de Ulúa repartió sus haberes y sus enseres entre los pobres y con hábito de ermitaño viajó a Ciudad de México. Allí sirvió algunos días como amanuense —tenía una letra de consumado calígrafo: “parecía de molde”, dice Losa— al escribano San Roma, y Luis Zapata lo albergó en su casa. De allí partió para Zacatecas. No le impulsó a ir a la zona de Zacatecas la codicia de riqueza, sino la de servir a Dios. Se acomodó en la hacienda de María Vázquez de Mercado, que le dio un pedazo de tierra para construir una estrecha ermita, en la que hacía vida solitaria, vacando a la oración y al cultivo de un huertecillo. La donante lo cuenta, admirada (AGN, Inquisición, leg. 210, 2, fol. 28r.). Residió algunos años allí, y pasó después al valle de Amayac, ocho leguas más lejos, donde prosiguió su austera y meditadora vida de ermitaño. Fray Domingo de Salazar, futuro primer arzobispo de Filipinas, fue a misionar en las minas de Zacatecas, y tuvo ocasión de conocer al ermitaño, y le aconsejó que fuese con él a Ciudad de México, al convento de Santo Domingo, donde podría continuar su retiro espiritual y frecuentar los sacramentos. En la ermita no tenía oportunidad ni de oír misa, ni de confesar. Accedió de buen grado a la invitación. Estuvo algunas semanas en el convento, pero su talante no era hacer vida comunitaria, sino vivir en soledad. Y se marchó a la Guasteca a continuarla. Allí conoció a Francisco Losa, su futuro biógrafo. Losa cuenta que “conoció al siervo de Dios G. L. y lo comenzó a tratar el año 1579”. A partir de entonces, la biografía es muy precisa en noticias.

A pesar de cambiar Guastepec por Atlisco, el ermitaño adquirió fama de santo, y acudían muchas personas a verlo y consultarlo. La vida penitente agotó sus fuerzas físicas, y Losa lo llevó primero al hospital de Nuestra Señora de los Remedios, a unas doce leguas de Ciudad de México. Y, más tarde, al pueblecito —hoy absorbido por la gran metrópoli mexicana— de Santafé, donde se instaló en una casita del hospital fundado por Vasco de Quiroga. Desde el 22 de mayo de 1589 hasta el día de su muerte vivió en Santafé; en mayo de 1596 le dio “un aire” (apoplejía), y el sábado, 20 de julio, falleció. Losa lo asistió, y antes de que muriese le pidió que revelase el “secreto” —su lema era “secretum meum mihi” (“mi secreto es para mí”, Isaías, 24, 16). El ermitaño le contestó: “Ya no hay secreto. Todo es claro mediodía” (Losa, 1613: 93v.).

Gregorio López fue, amén de ermitaño, escritor. Su legado literario, descontando apócrifos, se reduce a dos obras: Tesoro de medicina Declaración del Apocalipsis. Ambas se han publicado, discutido y estudiado en diferentes ocasiones. En primer lugar, fueron sometidas a examen teológico por la Inquisición, y el resultado fue “absueltas de la instancia”, es decir, declaradas horras de herejías; luego en los interminables procesos auspiciados por la Corona en orden a su anhelada beatificación y canonización. En los legajos del Archivio Segreto Vaticano se conserva el manuscrito más auténtico del Tratado de Medicina, ya que las ediciones hechas adolecen de manipulaciones.

Se trata, en sustancia, de un herbolario, que Gregorio López compuso a base de curiosa observación de las plantas de su huerto y sin duda de las “noticias” que le daban los indios chichimecas. El otro libro, Declaración del Apocalipsis, es quizás más interesante, y hay que enmarcarlo en el ambiente “apocalíptico” que floreció en México a finales del siglo XVI. Gregorio hace una explosión en clave histórica, que parece ser la más genuina, del famoso texto con que se cierra la Biblia.

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Obras

Tesoro de Medicina, ed. de M. Salcedo, México, 1672 y 1674 [Madrid, 1708

1727

Madrid, 1727

ed. de F. Guerra, Madrid, Cultura Hispánica, 1982 (a partir de la copia autentificada del ms. orig., que posee el Archivio Segreto Vaticano, Riti, 1716)]

Declaración del Apocalipsis, Madrid, 1678 [Madrid, 1727

trad. lat. de B. Membrive, Roma, 1756

Madrid, 1787, 1789 y 1804

ed., est. prelim. y notas de Á. Huerga, Madrid, Fundación Universitaria Española- Universidad Pontificia de Salamanca, 1999 (col. Espirituales Españoles, serie A, t. 46)].

Bibliografía

F. Losa, La vida / que hizo / el siervo de Dios / Gregorio López en / algunos lugares de esta / Nueva España, México, Juan Ruiz, 1613 (vers. port., Lisboa, 1675

https://www.rae.es/archivo-digital/vida-que-el-siervo-de-dios-gregorio-lopez-hizo-en-algunos-lugares-de-la-nueva-0?fbclid=IwY2xjawTS0MdleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBmeDlJbFZDZjhrMEttYUZPc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHu__gQHW1QNpMLFxyPY-ZLlmtUSvj202nSIgYJ1cV-5Qdbr4Vf8JH7aOMtbx_aem_A9-K6z4JyXf306k66V6Lsg#page/5/mode/2up

vers. it., Roma, 1740

vers. lat., 1751)

E. Abreu Gómez, La vida milagrosa del siervo de Dios Gregorio López, México, Carlos Rivadeneira, 1925

F. Ocaranza, Gregorio López, el hombre celestial, México, 1944

F. Fernández del Castillo, “La vida de G. López”, en Memorias de la Academia Nacional de Historia y Geografía (México), 2 (1945), págs. 25-29

A. Orive, “López, Gregorio”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. II, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1972, pág. 1336

F. Guerra, “The Parados of The Treasury of Medicines by G. L.”, en Clio, 1 (1996), págs. 273-288

J. Fradejas Lebrero, El venerable Gregorio López, Madrid, Artes Gráficas Municipales, 1999

Á. Huerga, “Gregorio López (1542-1596), primer anacoreta del Nuevo Mundo”, est. prelim. en G. López, Declaración del Apocalipsis, op. cit., págs. 1-150.

Autor: Álvaro Huerga Teruelo, OP

https://historia-hispanica.rah.es/biografias/26715-gregorio-lopez

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domingo, 24 de mayo de 2026

Santo Toribio Mogrovejo, padre de la Hispanidad, pero casi olvidado de la memoria patria

A santo Toribio Mogrovejo solo le falta la antigüedad de vida para que pudiera ser reconocido Padre de la Iglesia, lo restante lo posee con creces. Así nos lo hace saber D. José Antonio Benito, director del Instituto de Estudios Toribianos en Lima, al que tuvimos el placer de escuchar el pasado martes 14 de abril. Santo Toribio, de quien se dijo “es la estrella convertida en sol”, “el arzobispo es una rueda en movimiento continuo”, “es el sol en el nuevo mundo” … no parece tener en nuestros días el renombre que tuvo entre sus contemporáneos. Huelga decir que D. José Antonio, entre otros, se esmeran para que santo Toribio sea recordado como lo merece, investigando y divulgando sobre el periplo vital del que fuera segundo arzobispo de Lima, pese no avenirse a tal responsabilidad a primeras de cambio, de manera que hubo de ser espoleado por aquellos cercanos que lo conocían bien y sabían de sus aptitudes. De ellas fue testigo la Universidad de Salamanca, en la que estudió leyes e impartió lecciones y que vio interrumpido su doctorando al ser S. fue testigo Toribio designado inquisidor de Granada; y a la postre, arzobispo de Lima. 

Sus labores jurídicas no eclipsan su misión pastoral y evangelizadora que acometió con entrega y sin descanso. Pasó más tiempo fuera de su sede que en ella. Recorrió cuarenta mil kilómetros, muchos de ellos a pie, dispensó los sacramentos a innumerables nativos y se volcó en catequizarlos aprendiendo sus propias lenguas. De su mano fueron confirmados Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.

 Nacido en Mayorga en 1538 de buena alcurnia castellana, hubo de ser ordenado y consagrado con premura, hasta tomar posesión de la archidiócesis (por entonces de inabarcable extensión). La fecundidad de su legado es imperecedera: convocó trece sínodos y tres concilios, a destacar el Tercero Limense, que presidió.No escatimó en milagros y fue beatificado en 1679 y canonizado en 1726. Santo Toribio es la fundición cultural de España y las Américas; un “hombre puente”, que ató cabos culturales  y humanos, y abrió a los indios el camino a la santidad y la salvación de las almas. Por su espíritu contrarreformista, desprendido e incansable, Bartolomé de Benavides le bautizará como “el nuevo Ambrosio”.

Patrono del Episcopado Latinoamericano desde 1983, el episcopado peruano otorga una medalla en su memoria que en 2023 le fue concedida a un agustino avalado por su recorrido como misionero: el entonces cardenal Prevost, quien fuera obispo de Chiclayo, y más conocido hoy como S. Santidad León XIV. 

                                                                                                                                                 Javier Barraca de Padura 

https://rielo.org/santo-toribio-mogrovejo-padre-de-la-hispanidad-pero-casi-olvidado-de-la-memoria-patria/

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