sábado, 9 de junio de 2018

VENERABLE ÚRSULA DE CRISTO (1604-1666), LA MÍSTICA NEGRA CLARISA DE LIMA

 

Se acaba de publicar la obra "Las almas del purgatorio: El diario espiritual y vida anónima de Úrsula de Jesús, una mística negra del siglo XVII" (Edición e introducción por Nancy E. van Deusen, PUCP, Lima 2013) de la célebre negra donada Úrsula de Jesús (1604-1666) a pedido de su confesor franciscano.

 

Vida

Conviene recordar que en 1604, cuando Martín de Porres Velásquez iniciaba recién su camino religioso en la Orden de Santo Domingo, nació en Lima, esta mujer negra que pese a nacer bajo las ataduras de la esclavitud logró convertirse en la santa limeña más conocida de su tiempo no sólo por los extraordinarios milagros que realizó en vida sino también, por su extraña habilidad de conversar con los muertos del purgatorio (http://expedienteoculto.blogspot.com/2009/01/rsula-jess-la-santa-escondida-de-lima.html)

 

Acerca del purgatorio, la Iglesia entiende "la purificación final o purgatorio" tal como recoge en su Catecismo (n. 1031-1032) y que formuló sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador. Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.

 

Limeña de nacimiento, hija del español Juan de Castilla y la negra esclava, Isabel de los Ríos. Con su madre sirvió en la casa de doña Jerónima de los Ríos. A la muerte de esta dama, cuando Úrsula contaba 7 años de edad, pasó a servir a Luisa Melgarejo de Soto, devota mujer del grupo amical de Santa Rosa de Lima. A los 12 años, una sobrina de la primera ama, la reclama para su servicio y la interna al monasterio de Santa Clara para que reciba la educación que impartían a las niñas que tenían a su cargo. En este lugar santificado por el prelado Toribio Mogrovejo, decide tomar el hábito y profesa como monja clarisa en 1645. Su vida se distinguió por la oración, sencillez y total disponibilidad para con las hermanas enfermas. Alma privilegiada, declaró tener visiones místicas de Cristo; en concreto, llegó a señalar que le vio en la oración vestido con una túnica morada y que Jesús  le mostró su corazón, en cuyo centro estaba la propia Úrsula. Confundida por tal visión y elección, le manifestó al Señor que con tantas señoras y reinas como había que por qué se complacía en estar con ella, escuchó de Jesús: "Es más estar en gracia mía que ser reina". Los textos que aluden a esta singular mujer son tres: uno escrito en primera persona en el que se comenta la vida cotidiana al interior del claustro y las visiones que experimenta Úrsula, aunque desordenado puede entenderse como un cuadernillo de apuntes; los otros dos textos en tercera persona, proporcionan datos biográficos de Úrsula y describen con detalle su experiencia mística.

 

Lo más representativo –como señala Milagros Carazas[1]-, es que dichos textos cuentan cómo Úrsula llega a un estado de arrobamiento para comunicarse con Dios, que le permite ver lo que las otras religiosas no pueden ver. Así las imágenes llegan por sí solas y le revelan, por ejemplo, cómo las almas pecadoras son castigadas en el Purgatorio. Es llamativo percibir en este discurso una preocupación constante por su condición social. Como si este se presentase cual obstáculo insalvable para su acercamiento a Dios o al cielo, sin serlo así:

 

"dije que si las negras yban asi al cielo dijo que como fuesen agradecidas y tubieson atencion a los beneficios y le diesen gracias por ellos las salbaba por su gran misericordia yo cuando hago estas preguntas no las hago porque/ quiero sino que como beo y me hablan sin que quiera asi me asen hablar sin/ querer yo e menester que me encomienden mucho a dios todo esto me sirbe de tormen-/ to tanbien dijo que yo diese grasias a dios por los benefisios que le abia echo aunque / me paresio que se yba al cielo no lo supe de sierto".

 

De esta manera Úrsula nos proporciona la imagen de un dios cristiano que juzga y castiga las acciones de sus seguidores, pero lo hace con justicia e igualdad; de modo que juzga a todos sin importar las diferencias raciales, sociales e incluso de género. He ahí la sabiduría indulgente del discurso religioso de Úrsula de Jesús, una mujer afrodescendiente que trasciende su propia época.

 

Murió en febrero de 1666 y a su último adiós en esta vida acudió toda una multitud, presidida por la virreina condesa de Santisteban.


Sus milagros

Entre sus milagros más importantes está el haberse salvado de un accidente que pudo acabar con su vida. Se cuenta que cuando tenía 30 años, Úrsula de Jesús se encontraba en el patio del convento intentando tender una túnica en un palo ubicado encima de un pozo. Debido al esfuerzo, ella tropezó y por poco cae dentro si no fuera porque pudo sujetarse del borde con una de sus manos. En su desesperación por no caer, se dice que Úrsula cogió con su mano libre el escapulario de la Virgen del Carmen que tenía sobre el pecho y le pidió que la salvase. Segundos después de su súplica, se vio milagrosamente fuera del hoyo.

 

Así también se cuenta que el 18 de diciembre de 1645 mientras se encontraba realizando sus labores en la cocina, se quejó con tristeza por no poder asistir a la misa y comulgar. En ese momento el capellán que oficiaba la ceremonia en el convento vio cómo una hostia escapaba de la copa y prácticamente voló hacia Úrsula quien pudo participar de esta manera de la eucaristía.

 

Sus visiones y conversaciones con el más allá

Sin embargo, los milagros del que más se tiene conocimiento y que más hicieron hablar a la Lima de su tiempo fueron sus llamadas visiones o revelaciones y sus conversaciones que decía sostener con las almas del purgatorio.

En cuanto a sus visiones, Úrsula relata en su diario personal aquellas imágenes del purgatorio las cuales describe con gran detalle y precisión. Ella cuenta por ejemplo:

"Olbidada de que abia ynfierno bi una profundidad tan ediondisima mas que muchisimos posos tantos mas profundo me paresio que ay de alto aqui al sielo y alli grandisima multitud de jente que paresian ormigas y desian desdichado de mi para sienpre e de estar aqui dije jesus sea conmigo tanta jente ay aqui dijeronme cada dia cae tanta como bes ay porque de todas las partes del mundo de ynfieles moros y judios dijo muchas generasiones y de los cristianos que eran pocos los que se salbaban porque abia muchos descuidados yngratos […] y desian desdichados dellos que no creyeren en jesucristo subian aquellas llamas por ensima de las cabesas y abian ensima una cosa a manera de rred por donde subian aquellas llamas y desianque aquello de arriba era purgatorio…".

 

Asimismo, en cuanto a sus conversaciones con diversas almas, Úrsula describe:

"En nombre de la santisima trinidad no se si es alguna cosa de aquel engañador desde el año nuebo que fue el biernes pasado asta oy que es bispera de rreyes todas las mas Beses que boy a la orasion biene a mi un frayle fransisco que jamas conosi que es aquel que se echo de la pared dios sabe si es berdad lo que es biene pidiendo que le encomiende mucho a dios que esta en grandisimas penas que le ofresca al eterno padre por el aquellas terribles agonias que padesio…".

 

La causa de canonización está en marcha. Sin embargo, tras recopilar los cientos de testimonios y testigos que daban fe de su santidad, el galeón en donde fueron enviados tales archivos sufrió un accidente durante su viaje a España que terminó por hundirlo en el mar perdiendo así todos esos registros vinculados a la religiosa limeña. De todos modos, su fama de santidad no ha decaído y está muy presente, especialmente entre sus hermanas clarisas.

 

La oralidad femenina en el texto escrito colonial: Úrsula de Jesús

Dra. Patrícia Martínez i Àlvarez

Cuando ya se me olvide habré olvidado

viviré adormecida, liberada

no ansiaré la respuesta

pues no habré preguntado

no habré de perdonar

ni habré ofendido.

Chabuca Granda, Ese arar en el mar (1963)

 

Introducción: la palabra femenina en el marco de la biografía religiosa

 

            La libertad religiosa con la que durante la Baja Edad Media se expresaron oral y corporalmente numerosas voces femeninas en los lugares públicos, en los caminos entre ciudades, en las confesiones hechas a clérigos y religiosos y en la relación entre mujeres experimenta, entre los siglos XIII y XVII, un progresivo proceso de moldeamiento que se hace canon en la proliferación de la literatura biográfica religiosa escrita por hombres. Los cánones eclesiásticos estipularon, después de la explosión de la palabra libre, qué formas de conocimiento hechas voz encerraban ortodoxia y cuáles heterodoxia.

En este artículo una mujer negra del siglo XVII, cuya vida transcurrió en gran parte en el monasterio de Santa Clara de Lima, habla con su voz y cuenta su libertad.[2] Entre los textos coloniales narrando vidas de mujeres con los que he trabajado hasta ahora, son los de Úrsula de Jesús los más representativos para analizar la diferencia entre la palabra escrita femenina, la escritura oral masculina y la oralidad en el texto escrito femenino. Las palabras de Úrsula de Jesús se hicieron escritura sin que el imaginario masculino del control advirtiera la libertad femenina con la que se convirtieron en texto.

En este artículo aparecen conceptos como el de "biografía", "hagiobiografía", "autohagiografía" y "apuntes espirituales".[3] En el análisis de los textos coloniales hablando de mujeres uso los siguientes criterios: biografías son los textos en los que las mujeres aparecen narradas en una suerte de recuento de sus vidas. En el caso de las hagiobiografías, algunas mujeres fueron descritas aludiendo a su trayectoria vital desde la intención de los clérigos que las escribieron, de introducir sus causas en procesos de beatificación. Existe, también, algún caso en el que fueron las propias mujeres las que haciendo uso del modelo de la hagiografía se escribieron a sí mismas: se trata de lo que he denominado "autohagiografías"; son textos en los que está clara la intención de las mujeres de "ceñirse a la regla" del lenguaje contrarreformista, de encerrarse en la idea de lo femenino en el marco de la Contrarrenovación y de la Contrarreforma. Por último existen textos que son en realidad una especie de cuadernos espirituales en los que aparecen notas desordenadas narrando experiencias místicas y visionarias: estos textos han sido denominados, aquí, "apuntes espirituales" y son los textos en los que habla Úrsula de Jesús.

Durante el proceso de implantación y desarrollo colonial, y a pesar de los esfuerzos por lograr su exclusión, las mujeres y hombres distintos de raza y de grupo social[4] vivieron en muchas ocasiones compartiendo espacios en el Perú. Es cierto que en todos y cada uno de esos espacios el cultivo de los discursos del poder marcó las relaciones, y que también indios y negros, indias y negras convivieron con los españoles primero y con los criollos más tarde bajo formas de violencia que implicaban la servidumbre y la extirpación de la tradición cultural propia. Es cierto, a la vez, que de la imposición de dichas formas de violencia en la relación entre las distintas razas se aprendieron otras formas de violencia: las que usaron indias, negras, indios y negros para representarse a sí mismos en una coyuntura que les negaba espacios públicos de representación.

También entre los sexos se cultivaron formas de violencia: la negación de la legitimidad cuando hombres blancos y mujeres indias y negras tenían hijos, la necesidad del recogimiento de las mujeres blancas y criollas, la decisión masculina de los espacios de vida para las mujeres muestran el modo en que desde el origen de la conquista se había fortalecido la idea del modelo en el que se encarnaban todas las mediaciones: la mediación con el poder político español, con la Iglesia y con Dios mismo encarnadas por el varón blanco, español y cristiano.

            Los espacios que se constituyeron en la Colonia para que las mujeres vivieran recogidas fueron instituciones que reprodujeron y sostuvieron el orden colonial. En estos espacios las mujeres permanecían alejadas del mundo. En ellos se cultivaban los discursos sobre la inferioridad de las razas distintas a la española y se multiplicaban formas de penitencia que tenían que ver con la capacidad de unas, las españolas, de relacionarse humildemente con las otras: las indias y las negras. Más allá del sentido que el imaginario masculino había dado a estos lugares se produjo en ellos la libertad de las mujeres. En estos espacios institucionalizados por el poder colonial y eclesiástico muchas mujeres recrearon el mundo significándose y representándose a sí mismas como sus distinciones las hacían: negras, ilegítimas, mujeres libres de preceptos clericales, mujeres esposas que transformaron su vida y la de sus cónyuges también, mujeres que vivieron más allá de los muros monásticos: mujeres diferentes a los cálculos de la colonia.

Úrsula de Jesús fue hija de una mujer esclava y, sin embargo, parece haber terminado convirtiéndose en un modelo de perfección católica por el que se inició, incluso, un proceso de beatificación. De ello da muestra la tradición escrita de su vida (documentación biográfica que dará lugar a la redacción de una hagiobiografía que será copiada varias veces a lo largo del tiempo y nombrada en la crónica franciscana más importante del siglo XVII), pero también el hecho mismo de que su hagiobiógrafo la nombrara Sierva de Dios[5] en su texto. En la vida de Úrsula, sin embargo, más allá del hecho de su calidad modélica, hay que rescatar su capacidad de trascender el orden. En sus diálogos místicos Úrsula descubrió un mundo en el que las razas no se sobreponían y un Dios al que el color de la piel no le importaba. Úrsula, convirtiéndose en una mujer casi santa a la que sus compañeras reconocían y a la que personalidades de la Colonia recurrieron también, recrea las relaciones y hace de la negritud una forma de perfección mediante la que conoce lo desconocido. Según lo anotado por su hagiobiógrafo, Úrsula nació en noviembre de 1604 en la ciudad de Lima y según su biógrafa a los doce años fue llevada ya al monasterio como esclava (1616). En 1645 tomó el hábito de Santa Clara y en el año 1647 hizo su primera profesión. En 1666 murió congregando sus honras gran número de personas. En sus funerales, según su biógrafa, estuvieron juntos virreyes y "tan gran concurso de gentes que no se había visto antes": honras fúnebres por una negra en la Lima colonial. Honras por una mujer a la que el nacimiento, en el contexto colonial, le había designado la esclavitud. Una mujer de la que Dios, en la experiencia religiosa libre de ella, había recreado su condición. Su hagiobiógrafo, por cierto, nada cuenta en el texto de su vida acerca de su muerte y sus funerales.

 

 



[2] Sobre la literatura hagiográfica escrita durante el siglo XVII, narrando la vida de algunas mujeres religiosas, se ha dicho que los textos expresan la imposible desvinculación, además de la propia representación, de las mujeres a la "autoridad masculina" (De la Rosa 2002:189-219). En el análisis de los textos coloniales que presento distingo entre el poder masculino, que sí se hacía presente en la intervención de la experiencia religiosa de las mujeres, y la autoridad femenina, que va más allá –y no sólo se sujeta– al poder patriarcal eclesiástico.

[3] El texto escrito puede también interpretarse desde la posibilidad de la permanencia de la oralidad en él: algunos de los documentos que transcribo en este estudio reflejan claramente el acto de la transcripción de la palabra hablada, es decir, el hecho de hacer del soporte del papel y la tinta un medio de permanencia de la oralidad más espontánea.

[4] Trato de evitar la denominación "clases sociales" para describir el mundo colonial peruano.

[5] En los procesos de beatificación, el estado de "sierva o siervo de Dios" es el antecedente para la introducción de la causa en el Vaticano. Corresponde, esta denominación, a la fama de santidad otorgada por aclamación popular, pero también a las primeras gestiones y reconocimientos del clero local (episcopado fundamentalmente).


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